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Una vida reconstruida: El camino de Karla hacia la libertad


En diciembre de 2016, acompañé a Karla Reyes y a sus hijas pequeñas al aeropuerto. Karla huía de una red de trata de personas en Colombia que, tras intentar reclutar a su hija menor, la atacó brutalmente, casi asesinándola, por negarse a captar mujeres para la prostitución. Su vida corría peligro y la única opción viable era buscar protección en Estados Unidos.


El contexto político en ese momento generaba incertidumbre. La administración del presidente Donald Trump, que asumía el cargo en enero de 2017, anunciaba políticas migratorias más estrictas, y muchos advertían que el derecho al asilo se vería gravemente limitado. Irónicamente, fue este mismo gobierno el que más acciones institucionales implementó en la lucha contra la trata, incluyendo una orden ejecutiva en 2020 para reforzar la respuesta federal ante este crimen.


El caso de Karla fue particularmente complejo. En Colombia, las autoridades no le ofrecieron protección. A pesar de contar con pruebas, denuncias y hasta amenazas explícitas, fue tratada con indiferencia por las instituciones que debían garantizar su seguridad. Las amenazas contra ella y su familia persistían.


Desde la organización que dirigía en ese momento, le brindamos acompañamiento psicosocial, asesoría legal y una escucha activa. Ella ya no confiaba en nadie. Y yo, aunque inexperta, también era una sobreviviente, aprendiendo sobre la marcha y guiándome por el corazón y por una firme convicción de que las mujeres no deben enfrentar solas la violencia estructural.


A través de contactos internacionales, establecimos una alianza con la profesora Luz Nagle, docente de la Facultad de Derecho de Stetson University, una universidad reconocida en Estados Unidos por su compromiso con los derechos humanos y la justicia global. Gracias a esa colaboración, el caso fue asumido por un equipo de abogadas y abogados excepcionales, que representaron a Karla y sus hijos de manera pro bono, con profunda empatía y profesionalismo.


Contra todos los pronósticos, logramos que Karla y su familia fueran reconocidos como refugiados en Estados Unidos. Fue un trabajo en equipo, lleno de miedos, aprendizajes, solidaridad y esperanza. Y también, un acto de resistencia. Una vida salvada. Un hogar reconstruido.


El reconocimiento de Stetson University



En 2017, la Facultad de Derecho de Stetson University me envió una carta firmada por su decano, el profesor Christopher M. Pietruszkiewicz, reconociendo mi participación en este proceso. En la carta, destacan la importancia del trabajo realizado junto a la profesora Nagle, el valor de la colaboración internacional, y mi compromiso con la protección de los derechos humanos de las mujeres más vulnerables.

Aquel reconocimiento no fue una meta, sino un aliento. Me recordó que, incluso sin saberlo todo, mi entrega, mi humanidad y mis ganas de no rendirme estaban salvando vidas. Validaba el trabajo desde la orilla de quienes hemos sido silenciadas, perseguidas, o descartadas.


El reconocimiento fue firmado por Christopher M. Pietruszkiewicz, quien en ese momento se desempeñaba como decano de la Facultad de Derecho de Stetson University, una de las más destacadas en Estados Unidos por su enfoque en justicia social, abogacía internacional y derechos humanos. Pietruszkiewicz ha sido una figura influyente en la educación jurídica y posteriormente fue nombrado presidente de la University of Evansville. La articulación se dio gracias a la intervención de la profesora Luz Estella Nagle, abogada colombiana, experta en derecho internacional, exjueza penal en Medellín y sobreviviente de múltiples atentados por su lucha contra el narcotráfico. Nagle es reconocida mundialmente como referente en el combate a la trata de personas y ha sido asesora del gobierno de EE. UU., Naciones Unidas y centros académicos de alto nivel. Su respaldo fue clave para conectar el caso con una firma legal internacional y lograr el proceso de asilo.


Hoy, Karla y sus hijas viven lejos del peligro. Se siente agradecida. Lucha por dejar atrás el pasado, en medio del proceso difícil de reconstruirse. Mantenemos una amistad a distancia, construida en la solidaridad entre mujeres que se niegan a rendirse.


Esta historia no trata de una salvadora, sino de mujeres que se eligen, se tejen y se sostienen mutuamente. Juntas enfrentamos la tragedia de la trata de personas y su violencia con lo único que nunca podrán quitarnos: la voluntad de cuidarnos.


Claudia Yurley Quintero Rolón

Psicóloga y defensora de Derechos Humanos


 

 

 

 
 
 

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